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4. Físico
Si en el fondo todo es un regalo, podríamos decir literalmente ─aunque medio en broma─,
que "vaya" regalo de mierda es lo físico.
¿Por qué? Bueno, de entrada, y contextualizando toda esta feria de vanidades,
todos los cuerpos contienen literalmente eso que tanto
les gusta a muchas bacterias y otros organismos del suelo (el pupú, la caquita).
Por muy guapos que nos vistamos...
Pero, por un lado, cuando elevamos nuestra alma,
ciertamente lo que querremos ingerir quizá ya no dé tanto "mal olor"
(no veremos muy bien eso de ingerir, por ejemplo, trozos de cadáveres,
aunque cuesten un ojo de la cara, o aunque sea tradiciónal ingerirlos, etc.),
y en general beberemos bastante agua, etc., en este proceso.
Pero, de todas maneras, ahí tenemos "lo físico":
en gran parte, quizá, una potencial cura de humildad, en el fondo...
este regalo de lo físico, con sus muchas potenciales lecciones...
para una humanidad caída en el pecado, y que está, además, en esta fase tan aparentemente
crítica ─2026 es cuando escribo esto─.
Tal y como se enseñó una y otra vez en la tradición del espiritualismo
(espiritismo lo llamamos a veces)
cuando pasemos al mundo espiritual, nuestra conexión con el entorno será
diferente, en el sentido de comer, etc.
Y los "poderes creativos" que viviremos en el cuerpo espiritual serán
cada vez más deslumbrantes (si los pudiéramos ejercer en el contexto físico los
sentiríamos como una película de magia, etc.).
Evidentemente, el cuerpo no es algo a ser denostado, maltratado, etc.;
es simplemente algo a ser contextualizado en el esquema general
que estamos viendo con esta escala de prioridades.
Aunque la principal enseñanza de Jesús no tuvo que ver con su muerte física,
sí sabemos muchas cosas básicas en torno a aquel suceso, cosas que son útiles en cuanto a
servirnos como ejemplo.
Jesús, al parecer, terminó cansado de huir de los ataques y persecuciones.
Tales ataques incluso provenían de la actitud de sus propios amigos o conocidos,
ya que algunos querían forzar a Jesús a demostrar sus "poderes".
Al final de su vida, cuando al parecer ya estaba en unidad con Dios,
Jesús no iba a dejar de mostrar la verdad y el amor con su actitud, etc.
Pero, si alguien está en unidad con Dios, no puede ser cobarde, pues Dios no lo es.
No hay motivos en realidad para tener miedo a la muerte física ─lo cual
no implica que tengamos que ser temerarios─.
Pero, además, en estado de unidad con Dios, ni siquiera hay motivos
para temer el dolor emocional que pudiera detonarse por un ataque físico;
pues en tal estado es imposible que surja dolor emocional.
Jesús nos dice que en tal estado solo habrá sensaciones físicas,
y que ni siquiera se sentirán terribles,
sino solo como tales sensaciones.
Recordemos que el cuerpo físico está "a dos pasos" del alma, digamos,
ya que entre el alma y él se interpone el cuerpo espiritual.
Observemos, entonces, dos cosas muy importantes:
─ todo el mundo tiene una vida física (aunque sea muy breve
porque haya muerto de pequeño o antes de nacer),
─ y solo por el hecho de encarnar, aunque muramos pronto,
parece que ya nos ponemos en contacto emocionalmente con la carga
terrestre emocional básica, que viene de la caída, y que contiene errores o semillas de error
(miedo y vergüenza emocionales, etc.).
En este contexto, si una persona pasa al mundo espiritual muy pronto,
llega a un mundo donde la lentitud intrínseca al reino físico ya no está,
para bien y para mal ─en el mundo espiritual rigen otras leyes naturales,
y el cuerpo espiritual es más sensible
aún que el físico, si lo podemos expresar así─.
Entonces, esas "lecciones intrínsecas a lo físico", de cierto modo,
impedimos que sean experimentadas por quienes ─por lo que sea─
mueren muy pronto (almas que llegan muy pronto ─y bruscamente─
al mundo espiritual... y que lo hacen desde este contexto "caído",
lleno de miedos, etc.).
Elegimos por su libre albedrío, con más o menos violencia y arrogancia.
Y esas lecciones tienen que ver con cierta "misericordia implícita" en lo físico:
cierta lentitud en la manera en que vivimos la ley de compensación aquí.
Es decir, aquí, en lo físico,
los efectos, las consecuencias de nuestras acciones,
la "recogida" de lo que "sembramos",
no es cosechada tan rápidamente en cuanto que efectos físicos,
pues lo físico "va más lento".
En el alma sí repercuten de inmediato todas nuestras acciones, estemos donde estemos;
y, si estamos suficientemente sintonizados con nosotros mismos, sí que podemos sentir
las consecuencias (sobre todo, en eventos críticos
donde hacemos o nos hacen trastadas grandes, etc.).
Sin embargo, en lo físico, a menudo no parece que estemos recolectando muchos efectos,
aunque hayamos cometido grandes pecados (como instigar un aborto en nuestra pareja
si somos la parte masculina, etc.).
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